Desde nuestro colectivo expresamos abiertamente nuestro sentimiento hacia un territorio, entendiendo como tal el afecto, cariño, y devoción por una región natural, histórica y cultural concreta. Una idea que sólo premia lo mejor para nuestra tierra y todos aquellos que viven en ella. Este sentimiento es común a cualquiera que sienta lo mismo por un área o territorio. Éste será el que prima sobre el resto de los valores territoriales.
Dependiendo de en que grado y medida, se han definido unos y otros adjetivos, pero en el fondo son iguales. La cuestión es si esos sentimientos se ponen en valor por si mismos, o necesitan de otro agente. De ahí que el sentimiento es la contra a otro estamento o demarcación territorial.
En nuestro estado, el oficialmente llamado Reino de España, desde hace algún tiempo, tener sentimientos hacia una tierra, hacia un territorio supra-municipal, está mal visto. Se recela de cualquier idea que supone un amor por algo nacional. El nacionalismo español imperante vincula una serie de premisas tergiversadas como verdad universal:
1. España es una. Según esto, aa nación es un todo, no es la suma de partes, sino el tímido desglose en las autonomías, permitido desde el centralismo madrileño. Cuando, como todo el mundo sabe, es la gente la que tiene el derecho. Es a su vez, la historia la que explica la formación por unión, que NO FUSIÓN, de los diferentes territorios. Se pretende hacer ver que la división autonómica viene desde arriba, cuando viene desde el pueblo, la historia y los territorios naturales. Un ejemplo de como se organizaba antiguamente el territorio hispánico está en la actual Unión Europea: las partes no pierden la identidad, y con su sumatorio todos salen ganando. Si algo dejara de hacerlo, está clara la lógica y razonada solución
2. España es la constitución. La constitución de 1978 marca el referente de la España contemporánea. Como tal, fue un punto de inflexión en la cual se ponen una serie de condiciones en las que todo el mundo está de acuerdo. Pero la constitución es un documento vivo. No es eterno ni perfecto, y se puede ir mejorando. A su vez, se ha fomentado la idea de que con ella llega el actual sistema territorial. Falso como bien ya sabéis, pues nunca se menciona la disposición, el número ni la estructura de las comunidades autónomas. Y cambiar el territorio significa ir en contra de la constitución, ir en contra de España
3. España es una bandera, un escudo y un rey. Bueno, el reino actual es una monarquía parlamentaria. Una monarquía no votada en referéndum, sino impuesta por el anterior jefe de estado, representante de un estado no democrático. Pasamos pues de un sistema democrático elegido por sufragio universal a un gobierno dictatorial que nos impone una monarquía que a su vez permite una democracia parlamentaria que se acaba convirtiendo en una sistema dual de partidos. En un periodo de al menos 80 años el concepto y sus símbolos, como se ve, han variado, y no por ello se es menos español.
Después de esta pequeña reflexión cabe plantearse la pregunta: ¿sirve de algo que digamos que somos regionalistas, si como hemos visto, chocamos de lleno contra sus máximas? ¿Sirve de algo decir que somos regionalistas, si la dualidad de partidos no me reconoce como tal y por tanto se nos tildará de corpúsculos, independentistas o locos? ¿Sirve de algo decir somos regionalistas, cuando la historia, la cultura, el territorio e incluso el denominado escudo nacional está de nuestra mano pero nos tildan de anti-españolistas? ¿Sirve de algo llamarse españolistas y regionalistas, si España no nos corresponde, nos ignora o nos insulta? ¿Pensar que es la administración autonómica la que nos vapulea no sería más que auto-engañarse puesto que la dualidad de partidos es estatal y por tanto con sede en Madrid, centro de España? ¿No es más fácil asumir que nosotros somos España, y por tanto, somo parte de ella, pero que si ella no nos quiere, nosotros tampoco la queremos a ella? ¿No es más fácil pensar que esto es un conjunto de iguales, pero que no hay nadie por encima ni por debajo? ¿No es, finalmente, lo más importante nuestra región y si el resto nos apoya, les respetamos, pero sino no? ¿No es lo más importante pues luchar por ella, ya sea a través de asociaciones, movimientos, regionalismos, federaciones, independentismos, etc, porque lo que nosotros más queremos es nuestra región, y ya luego contaremos con aquellos que nos apoyen y/o que nos respeten?
Porque una cosa está clara, decir que a uno no le gusta el pan y seguir comiéndolo, es como decir que soy español aunque España no me respete. Y el error, tal vez no es del pan, es decir, de España, sino de quienes la administran, del nacionalismo español y, como no, de cada uno. Así pues di que eres Español, pero de una España que te respete, y si la actual no lo hace, dilo también.
Región leonesa, ante la indiferencia ¿que?
Hace 21 horas


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